Fe

¡Presenta a Jehová tu mejor ofrenda!

Maldito el que engaña, el que teniendo machos en su rebaño, promete, y sacrifica a Jehová lo dañado. Porque yo soy Gran Rey, dice Jehová de los ejércitos, y mi nombre es temible entre las naciones”. Malaquías 1:14

 

Jehová le habla a Malaquías de una situación desagradable que se estaba viviendo, los sacerdotes de ese tiempo estaban presentando un sacrificio impuro a Dios. Analicemos tres puntos que se desarrollan en el libro de Malaquias:

 

1.- La infidelidad de Israel

¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues nos portamos deslealmente el uno contra el otro, profanando el pacto de nuestros padres? (2:10)

 

¿Qué pensaremos nosotros de un hombre que abandona a su esposa, la mujer de su juventud y se va con otra para ofrecerle los bienes y comodidades que acumuló y obtuvo junto a ella? Quizá pensemos cosas como: desleal, injusto, mala persona. El mismo ejemplo nos da Dios en su palabra y seguro que las mismas opiniones piensa acerca de la infidelidad de los hombres hacia el Dios que ha caminado y provisto para su pueblo. Quizá nos queramos engañar a nosotros mismos en lo que presentamos como ofrenda a Dios, pero Él no puede ser engañado; el es Dios. Todo lo ve y el traerá bendición o maldición al hijo conforme a su obediencia.

 

  1. El juicio se acerca

Dios nos habla de un juicio, pero en su inmenso amor también no exhorta a que nos volvamos a él, para ser perdonados y nos reta a que le probemos, a que seamos obedientes y le demos lo que le pertenece en los diezmos y ofrendas y entonces veremos cómo derrama bendición hasta que sobreabunde.

 

  1. El advenimiento del día de Jehová

Entonces os volveréis y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve y el que no le sirve”. (3:18)

 

El Señor confirma su pacto; su salvación para con los hijos obedientes que le sirven; temerosos, que ofrendan sólo lo mejor. Debemos recordar que Dios no puede ser engañado jamás.

 

Por María Guadalupe Woo

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Sostenida en medio del fuego

“Y se sentará para afinar y limpiar la plata; por que limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata y traerán a Jehová ofrenda de Justicia”.

Malaquías 3:3

Investigando un poco sobre el proceso de afinar y limpiar la plata, encontré una historia fascinante que te comparto a continuación:

Un reportero debía hacer una nota sobre el oficio de orfebrería, llamó a uno de los más destacados de su ciudad y concretó una cita para entrevista, el día y la hora acordados llegaron y el entrevistador entre mucha curiosidad comenzó las preguntas propias de la investigación. El orfebre le explicaba que para refinar la plata debía ser ésta sostenida en medio del fuego, donde las llamas arden con más fuerza, para poder quitarle toda la impureza. El joven le interrumpió con otra pregunta al platero ¿Es verdad que usted debe permanecer sentado frente al fuego durante ese proceso de limpieza, hasta que la plata sea refinada? -Oh si, respondió el hombre, no sólo debo estar ahí sentado sosteniéndola, también debo mantener mis ojos fijos a ella durante el tiempo que está en el fuego. Si la plata se queda un instante más de lo que debe, sería destruida- ¿Y cómo sabe cuándo está lista? Cuestionó de nuevo el joven -Ah es muy simple, cuando veo mi imagen reflejada en ella, se que ya está lista- terminó el experto.

Al momento de leer la historia, tuve la certeza de que así es Dios con nosotros. No pude evitar imaginar que cuando pasamos por el fuego, El está ahí, SOSTENIÉNDONOS. Está sentado, observándonos y es maravilloso saber que El tiene sus ojos puestos en nosotras. Es glorioso saber que cuando estamos en un proceso de purificación no estamos solas ahí, pues El nos cuidará hasta que estemos listas.

Si hoy sientes el calor del fuego, gózate porque tu Creador te está observando. El ha visto tu dolor, tu llanto, tu gemir en medio de las llamas. Quizá has pensado que estás sola, pero hoy te dice: Tengo mis ojos puestos en ti, amada mía y no te dejaré hasta ver mi imagen reflejada en ti.

Estoy segura que ese fuego tiene un fin; que hay un propósito después de El y que lo que ahora te lastima, te duele, te quema, será después la medicina para alguien más. Sigue adelante, no desistas. Espera con paciencia y recuerda que Dios cuida de ti. Pronto serás como ofrenda de Justicia para Jehová.

Por Diana Vega

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Tiempos de paz

“Hemos recorrido la tierra, y en todo lugar hay paz y prosperidad”..

Zacarías 1:11

 

Hoy en día, la humanidad vive la vida de una manera acelerada. La mayoría busca alcanzar un estado hedonista sin importar lo efímero que pueda llegar a ser. En este actuar, fácilmente nos desviamos y dejamos de agradar a Dios. En los tiempos del profeta Zacarías pasaba lo mismo.

El profeta llama la atención del pueblo que había superado el exilio diciendo: “dejen de actuar de forma malvada y vuélvanse de nuevo fieles a su Señor, si hacen esto, El volverá a tener misericordia, rebosarán de prosperidad y serán bendecidos. Jehová será para ustedes un muro de protección, una muralla de fuego alrededor porque Él ha venido a vivir entre nosotros. Solo sean fieles a sus instrucciones, ejerzan su sacerdocio con fidelidad y todos ustedes vivirán en paz y prosperidad, cada uno poseerá su propia casa, con jardines y viñedos. No tengan temor por nada, no cambiará su determinación de hacerles mucho bien y darles todo lo que necesitan.”

Esta exhortación aplica para estos tiempos actuales, en los que cada vez es más difícil disfrutar de Paz (sentimiento de bienestar material y espiritual). Su palabra dice:

“Los fortaleceré y protegeré. Haré que de nuevo sean prósperos y felices porque los amo, porque yo el Señor su Dios habré escuchado sus oraciones llenas de angustia, estarán alegres como si hubiesen bebido vino, sus hijos también verán las misericordias del Señor y se alegrarán, también estarán felices al darse cuenta que el Señor siempre está con ellos”.

La Biblia dice que pasaremos a salvo por el mar de la angustia porque Jehová aquietará las olas (V10:11). Querida lectora, ten presente que Él ya puso las bases para que tú y tu familia gocen de paz y prosperidad, sólo resta asumir nuestra parte.

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Meditando sobre vuestro caminar

“Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos.

Subid al monte, traer madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad,

y seré glorificado, ha dicho Jehová”.

Hageo 1:7-8

 

Después de 70 años de exilio, al pueblo de Dios se le permite regresar a su tierra natal. Y la primera orden que reciben al llegar es “Reconstruir el templo”. Una de las cosas por lo que esta reconstrucción no se lleva a cabo, es por la indiferencia del pueblo. En ese tiempo se hablaba de reparar el templo físico, pero hoy en día estamos siendo llamados a “Reconstruir nuestro templo”.

 

Dios nos está animando, motivando y exhortando a meditar en ello, a que reflexionemos en cómo está nuestro templo delante de él; a ser árboles bien plantados junto a corrientes de agua viva. A no permitir que las preocupaciones que tengamos nos mantengan inactivos en su obra, sino que tomemos fuerzas en Él. Nos está llamando a ser mujeres sabias y a poner en orden nuestras prioridades.

 

Hermana sube al monte y ve a su presencia a traer lo que tu templo esté necesitando. Y dile a tu Señor de lo que estás careciendo, porque en nuestra debilidad Él es glorificado.

Así ha dicho Jehová: ¡SUBE AL MONTE, SUBE AL MONTE! Si no tienes fuerzas, Él te dará las fuerzas que tú necesitas; si te sientes cansada, en El recibirás ese descanso que tú alma necesita; pero no te quedes allí dónde estás, avanza hermana, avanza.

 

Hace muchos años Dios ponía en mi mente “AVANZA” y no lo entendía porque según yo lo estaba haciendo, y entonces le pregunté, dime cómo Señor, y en visión me mostraba cómo avanzar y veía a muchos soldados en un combate de guerra, luchando, peleando una batalla. Hermana para avanzar en su camino, necesitas tomar toda la armadura de Dioscomo dice su palabra.  “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”. Efesios 6:13.

 

Recuerda que todos los días es como si estuvieras en una batalla, que no terminará hasta que lleguemos a su presencia asidas siempre de su mano.

 

Mi mayor deseo es que Dios bendiga tu caminar hoy y siempre.

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Que despierte tu espíritu

Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron y trabajaron en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios.” Hageo 1.14 (énfasis añadido)

 

Cuando Jehová envió al profeta Hageo para exhortar y dirigir al pueblo en la reconstrucción de la casa de Dios, los judíos estaban afanados en asuntos para su propio beneficio de modo que, se justificaban diciendo que no era el tiempo de Dios para edificar, por lo que no hacían su tarea (v. 1.2).

 

Dios contestó: “Meditad bien sobre vuestros caminos”. Los hizo cuestionarse ¿porqué al sembrar, recogían poco?, ¿porqué cuando comían y bebían, no se saciaban?, ¿porqué sus vestidos no llegaban a ser suficientes?, ¿porqué aún cuando trabajaban tanto, no les rendía lo que ganaban? (v. 1.6). Dios quería llamar la atención de su pueblo. Con ese propósito, determinó que hubiese sequía sobre la tierra y sobre todo su trabajo (v. 1.11).

 

Cuando entendieron la razón de su condición, el pueblo tuvo temor de Dios y obedecieron la instrucción: “Subid al monte, y traed madera y reedificad la casa.” (v. 1.8). Una vez hecho esto, Dios dijo al pueblo: “Yo estoy con vosotros” (v. 1.13) despertando en ellos el deseo de trabajar en la construcción.

 

Hermana, te invito a reflexionar en las actividades que están ocupando tu tiempo. ¿Estás esperando las condiciones óptimas para hacer la tarea que Dios te ha dado?, ¿has considerado las razones de la condición en que te encuentras?, ¿crees que el enemigo está provocando tu condición? Medita bien: Dios te ha dado una tarea específica ya sea como esposa, madre, hermana, hija, amiga, o quizá un ministerio; un proyecto. El Señor quiere que tomes los recursos que te ha dado y te ocupes en su obra, ¡ya!. Si estás dudando, deja que retumbe en tu corazón la Palabra: “Yo estoy con vosotros.” Permite que despierte tu espíritu para ir y trabajar en la obra de Dios como ocurrió con el remanente del pueblo (v.1.14).

 

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Tiempos de crisis

Cuando leemos al profeta Habacuc y vemos los períodos de crisis que experimentó, pareciera que en algún momento podemos sentirnos identificados con él, por los tiempos que estamos viviendo. Cuando el profeta escribe ese libro, notamos que hay una descomposición de los valores, la justicia y el derecho. Algo muy similar a lo que atravesamos en la sociedad actual.

 

El profeta hace dos preguntas a Dios, ¿Hasta cuándo? y ¿Por qué?

“Señor, ¿hasta cuándo gritaré pidiendo ayuda sin que tú me escuches? ¿Por qué me haces ver tanta angustia y maldad?” (Habacuc 1:2-3)

 

¿En algún momento de nuestra vida hemos reaccionado igual? Quizá esta reacción de cuestionar, se da porque atravesamos una crisis, ya sea económica, de salud, familiar, laboral o incluso espiritual.

 

Si ponemos en contexto a nuestras circunstancias, nos damos cuenta que al pasar por una situación difícil, muchos también cuestionamos a Dios, y más aún, cuando no hay respuesta a nuestro clamor. Sin embargo, debemos aprender a esperar en Dios y ser pacientes; Habacuc a pesar de las circunstancias declaró “Estaré atento y vigilante, como lo está el centinela en su puesto, para ver qué me dice el Señor y qué respuesta da a mis quejas”.

 

Cuando nosotros aprendemos a creer que Dios dará la respuesta a nuestro clamor, confiamos y caminamos en fe; tenemos la seguridad y la certeza que las circunstancias van a cambiar; no en el tiempo que nosotros deseamos, sino cuando el propósito de Dios haya sido cumplido.

 

Es importante que, en medio de cualquier situación adversa, esperemos pacientemente como lo hizo Habacuc y nuestros labios puedan decir:

“Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación”.

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Activa tu fe

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo y los labradores no den mantenimiento… con todo yo me alegraré en Jehová y me gozaré en el Dios de mi salvación”.

Habacuc 3:17

 

¿Eres de los que te alegras cuando en tu casa hay necesidad? En algunos momentos de la vida hemos dicho: “esto que me está pasando no es justo” y quizá no entendemos porque a los malos les va bien y a los hijos de Dios, no tanto.

El libro de Habacuc nos habla de un pueblo injusto, nos relata a un pueblo que es engrandecido y que practica maldad, por tal motivo el profeta Habacuc se queja con Jehová de la situación que está viviendo y le reclama: ¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré y no oirás? Y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? (v. 1:2) A lo que Jehová responde: “He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; más el justo por su fe vivirá” (v. 2:4).

Este pasaje lo asemejo a nuestra vida cotidiana. A veces creemos que la vida es injusta con nosotros, pero, ¿qué es lo que Dios nos quiere enseñar en esa situación? La palabra de Dios dice que el justo por su fe vivirá. Esto quiere decir que el hombre justo debe y necesita tener fe. A veces tenemos necesidad porque nuestra fe necesita ser activada. No solo de labios digamos que creemos en Dios, sino de convicción y verdad, es decir, con hechos. Debemos aprender a esperar en el momento de prueba, porque la prueba produce paciencia y sabemos que Dios no es hijo de hombre para que se equivoque, lo que nos ha prometido se va a cumplir, si o si. Pero El espera que nosotros le creamos, que activemos nuestra fe, porque sin fe, es imposible agradar a Dios.

Aprendamos a esperar en Dios sin renegar y confiando que Dios va por delante en nuestra batalla.

Por: María Guadalupe Woo

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Cuando el camino se cierra

“Yo, el Señor, que soy su Rey iré delante abriéndoles camino” Miqueas 2:13

En cierta ocasión, al descubrir que mi socio, a quien yo por muchos años consideré familia, (compartíamos los gastos del negocio por igual) no compartía las ganancias de la misma manera, puse un alto a este abuso. Pasado un tiempo, por cuestiones de su amor al dinero, decide echarme de mi propio negocio. De un día para otro, se puso en riesgo la estabilidad económica que tenía. Al igual, que cada una de nosotras, yo tenía compromisos económicos fuertes en mi hogar que se debían cumplir. No niego que me preocupé al respecto, pero a la vez, tenía una sensación de paz que me aseguraba que todo estaría bien. Al respecto, quiero expresar que no pasaron más de 3 días, cuando Dios me bendijo con un nuevo establecimiento (mejor en todo: ubicación, instalaciones y demás amenidades).

Al poco tiempo, el giro del negocio, por cuestiones de mercado entró en dificultades. Pero a pesar de que el flujo de efectivo era menor, alabo a Dios porque nunca me faltó el recurso para hacer frente a mis necesidades y compromisos económicos. Mientras que el socio anterior se veía en dificultades al grado de buscarme con la intención de querer hacer equipo de trabajo nuevamente.

Querida lectora, no tengas miedo cuando se te acabe un camino (yo lo sentí cerrado cuando me quede sin la forma de generar mis propios recursos). No le temas a lo desconocido, (tuve que iniciar de nuevo y sola) porque el Señor que es tu rey te va abriendo camino. Su palabra dice que cada persona podrá vivir bajo su viña sin que nadie le robe la paz, El Señor todopoderoso lo ha prometido solo tienes que obedecer a tu Dios. El será la garantía de nuestra paz (Miqueas 5:4-5). Así lo comprendía el profeta Miqueas cuando escribió: “Yo he puesto toda mi confianza en el Señor; yo confió en que Dios me salvará de cualquier peligro y estoy seguro que siempre escucha mis ruegos” (Miqueas 7:7).

 

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Una fe restaurada

“Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os contare, no la creeréis.” Habacuc 1:5

Querida lectora, al igual que Habacuc, he padecido dolor y no solo eso, he visto a mis seres amados padecerlo. Quizá tú también te encuentres sufriendo, cuestionando a Dios el por qué.

De igual manera, el profeta se encontraba al borde de la desesperación, cuando exclama: “¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás?  En su cuestionamiento, Habacuc, más que conocer el porqué de la lamentable situación en la que se encontraba Israel, él estaba pidiendo una respuesta a su súplica.

En su amor, el Señor le contesta que las cosas que planea hacer no ocurrirán tan pronto, pero que con toda seguridad ocurrirán, que aunque piense que se demoran en cumplir, no se desespere, porque todo acontecerá en el día que ha señalado. Que no se preocupe por los babilonios que son malvados, que el justo vivirá porque confía en Dios.

Entonces la actitud del profeta es otra, alaba y su fe se reactiva de una manera sorprendente, al grado de poder exclamar en un ambiente de tanta destrucción: “aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo y no haya vacas en los corrales con todo ¡yo me alegraré en Jehová!.”

Amiga, quizá el padecimiento ha sido largo, tal vez no tengamos claro lo que está sucediendo, pero lo que si necesitamos tener bien definida es nuestra Fe, de tal modo que igual que Habacuc tu y yo podamos afirmar: “Jehová es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de cierva, Y en mis alturas me hace andar.”

 

PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR

1 ¿Soy capaz de reconocer que ante todo proceso de adversidad, Dios tiene un propósito bueno para mi vida?

2 ¿Cuándo estoy ante una situación difícil, he sido agradecida con Dios?

3 ¿Cuál es mi actitud ante una desgracia?

4 ¿Me desanimo fácilmente ante un infortunio?

5 ¿Qué pasa con mi Fe ante un conflicto?

 

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¡Ya se acerca!

¡Miren! Ya se acerca por los montes
    el que anuncia las buenas nuevas de victoria,
    el que proclama la paz.

Nahúm 1:15

 

Los reyes de Asiria habían conquistado al reino de Israel y amenazaron al reino de Judá (I Reyes 17-19), sin embargo, su tiempo había llegado, su ruina era inminente. Su caída y la de su capital (Nínive), es el tema central de las profecías del profeta Nahúm.

 

Si bien es cierto que podemos leer palabras de venganza contra un pueblo tirano y ruin, también es cierto que el profeta transmite palabra de confianza y de descanso para el pueblo perseguido y asolado por el temor. A través de estas palabras, el pueblo es consolado y animado a creer que su restauración estaba cerca:

 

“Así dice el Señor: Aunque los asirios sean fuertes y numerosos, serán arrancados y morirán… voy a quebrar el yugo que oprime, voy a romper tus ataduras” … ¡Miren! Ya se acerca por los montes el que anuncia las buenas nuevas de victoria, el que proclama la paz. ¡Celebra tus peregrinaciones Judá! ¡Paga tus votos! Porque no volverán a invadirte los malvados, pues han sido destruidos por completo.” (1:12-15)

 

Muchas de nosotras hemos pasado por procesos dolorosos donde sentimos que el enemigo ha perseguido y ha sembrado temor en nuestra vida o familia por lo que podemos pensar que nuestra condición actual será eterna, y hemos llegado a sentirnos cómodas aceptando la ruina y el temor como estilo de vida. Pero, hoy es necesario hacer un alto y darnos cuenta que el tiempo ha llegado. Es tiempo de levantarnos y proclamar que los años de ruina han llegado a su fin. Hoy es tiempo de bendición.

 

¡Créelo mujer! ¡Celebra! Porque El que había de venir trayendo buenas nuevas está a la puerta. Créelo y verás que tu yugo y tus ataduras ya han sido destruidas.

 

 

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