Adoración

¡Ven y adora!

“¿Dónde está el niño que nació para ser el rey de los judíos?  Vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarlo.” Mateo 2:2

 

Jesús nació en Belén de Judea siendo Herodes el Grande, rey de ese país. En ese tiempo, unos hombres sabios de un país de oriente llegaron a Jerusalén preguntando dónde es que estaba el rey de los judíos, pues habían visto su estrella y venían a adorarle.

 

Quien conoce a Jesús, ha escuchado esta bella historia de su nacimiento y se puede imaginar la trayectoria que hicieron estos hombres sabios. No se sabe cuántos eran y se desconocen sus nombres, pero lo que si es seguro, es que buscaban al rey de los judíos, y su deseo era adorarle.

 

Vieron su estrella y le buscaron. Pero fue hasta que le adoraron, que los regalos fueron abiertos. ¡Qué hermosa escena el imaginar a unos hombres sabios postrados ante un pequeño niño! Dejando a un lado todo orgullo o vanidad se postraron, reconociendo al rey que había nacido. ¡Que gran lección se puede encontrar en esta acción!

 

Una sola escena puede hablarnos del carácter de estos hombres pero también de su postura al reconocer ante quien se encontraban en ese momento. A quien ellos buscaban, el rey de los judíos, se postraron sin dudarlo, y le adoraron.

 

Su estrella los guió, pero fue su presencia quien los llevó a reconocerle.

 

Su luz sigue brillando. ¿Por qué no hacer lo mismo e imitar a estos hombres sabios de oriente?

 

¡Ven y adora!

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Unida a su gozo

“El Señor está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos”. Sofonías 3:17.

¡Magnífica palabra! Sin duda las mejores estrategias de cómo vivir en gozo es la palabra de Dios, que es nuestro mejor manual de instrucciones.

Uno de mis versos favoritos de este libro ¡Dios en medio de su pueblo con toda la majestad de su poder! Su presencia es suficiente para inundarnos de paz y de esperanza. Esto nos trae gozo. En nuestro Dios se ocultan tesoros de infinito poder; Él mora en nosotros; por tanto, podemos convivir con él con cantos de alegría. Su amor nos enseña que le podemos expresar cantos y tantas cosas en ellos!

No sólo gozamos de su presencia, sino que Él está continuamente ocupado en el trabajo de nuestra salvación: «Él salvará». Siempre está salvando; y el se goza por ello, ahí radica su gozo. Por eso lo llamamos Salvador; tal es el significado del nombre de Jesús. No temamos ningún peligro, porque poderoso es para salvar. Más aún, siempre permanece el mismo: ama, persevera en el amor y no dejará de amar. Me pregunto hoy ¿de cuántas cosas me salva cada día? Me gusta hacer conciencia de ello, darme cuenta y gozarme por lo que hace y agrandar la lista de las tantas cosas que tengo para agradecerle!

Me encanta la parte que dice, “Callará de amor” es mi parte favorita del verso. Me pone a pensar en cuántas veces Dios ha estado callado conmigo por amor a mi, por amor al proceso que tengo que pasar, por amor al propósito y destino que él me ha diseñado para alcanzar. Me asombro y me uno más a él y a su pensamiento. Esto me lleva a pensar solo en las cosas de bien que él tiene para mi. Me hace vivir contenta en mi vivir diario. Su amor, su gozo muchas veces me lo manifiesta con un silencio y eso me da fuerza. Cuando el guarda silencio, yo lo alabo, dignifico su poderío y majestad como dice este texto. Su palabra es profunda. Entre más profunda mi adoración a él, más profundo es mi gozo. Mi gozo a causa de la eternidad de su fuente inagotable. En este amor Dios se goza y encuentra materia para que el mismo quiera cantarnos. ¡Esto es admirable! Después de haber acabado la creación, no cantó literalmente, pero si dijo «que todo era bueno»; pero, llevada a cabo la redención, el universo entero sintió tanto gozo, que no podía ser expresado sino por un canto de gozo y de victoria.

¡Piensa en esto, y llénate de asombro! Dios canta para nosotros. De nosotros hace el objeto de su amor, de su gozo, de su descanso y de su canto. ¡Hoy, me uno a su gozo! 

La clave del gozo radica en el amor, esa es la más grande verdad de Dios. No tenemos a un Dios triste ni enojado ni amargado. El se goza en y por nosotros, por el simple hecho de que nos ama con amor eterno. No dependiendo de lo que hagamos o dejemos de hacer. Convivir con él nos hace el día mas ligero y nos ayuda a no enojarnos ni entristecernos, a tomar las cosas de la mejor manera. Su amor perdura para siempre, su AMOR en nosotros es igual a gozo. Por eso Gálatas 5:22-23 habla del fruto del espíritu santo que es el amor, vienen nueve y entre ellos el gozo. Así que, el vivir constantemente en su presencia, el convivir con Dios y su presencia, el disfrutar de su palabra erradica cualquier causa que me quiera hacer sentir triste o enojada y me ayuda a resolver las situaciones difíciles a las que me enfrento cada día. Ahora entiendo más porque la palabra de Dios dice: “El gozo del Señor es mi fuerza”. (Nehemías 8:10 y Salmos 118)  Hoy me gozo y fortalezco en su presencia.

¡Oh, Señor, por tu infinito amor, enséñanos a amarte, enséñanos a regocijarnos junto contigo cada día de nuestra vida! Amén.

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Cuando todo está en silencio

Con todos los afanes que la vida nos trae, se vuelve difícil encontrar un tiempo para estar a solas con nuestro creador. Creo que estarás de acuerdo conmigo en que las exigencias de tu rol materno, de esposa o de empleada no te dejan mucho espacio  para que tengas un refrigerio con el Señor. Te comprendo, también me ha pasado.  Déjame decirte que si estás esperando a que ese momento se dé por si solo, tal vez pase mucho tiempo incluso años sin tener un momento especial con Dios. El profeta Isaías usó una estrategia que le funcionó y también te puede funcionar a ti. Veamos de que se trata:

Con mi alma te he deseado en la noche, y en tanto que me dure el espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte” Isaías 26:9. Cuando haces un alto a todo los afanes cotidianos y te retiras a algún lugar o rincón para tener un encuentro con tu creador, ese momento se torna en algo muy especial, lo disfrutas, te llena de paz, entregas a él tus angustias, tus soledades. En aquel silencio total cuando todos están dormidos, cuando no hay interrupciones con encargos familiares o de algún otro tipo; solo tú y Dios en la madrugada.

Isaías usó esta estrategia y la hizo un compromiso en su relación con Dios; estableció ese tiempo especial para estar a solas con Dios. Buscó el momento especial y así como él lo hizo también tú lo puedes hacer y que ese deseo de buscarle no sea solo por una crisis o algo temporal, sino que se convierta en una motivación permanente de tu viaje por esta tierra y como dijo el profeta: “Mientras que me dure mi espíritu dentro de mi madrugaré a buscarte”

Mientras haya soplo de vida en ti, querida lectora, búscalo en el silencio de la noche; de madrugada acércate a él.

Bendiciones abundantes.

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¿Cómo me presentaré?

“Señor, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti y esperaré”

Salmo 5:3

 

Personalmente considero que el salmo cinco es uno de los más hermosos que el salmista David escribió.  Es un salmo de alabanza, pero también de instrucción, ya que define la forma correcta de presentar peticiones delante de nuestro Dios, y confiar en que las oraciones no tendrán estorbo.

En los primeros versos, el salmista expresa la petición de ser escuchado pero también le da un sentido o propósito a ese “escuchar” de Dios; el dice: “me presentaré delante de ti y esperaré”.  Es decir, reconoce que al presentarse y orar, tendrá respuesta, la cual esperará pacientemente.

En los siguientes versos, David detalla las circunstancias por las cuales no se debe esperar respuesta a las oraciones:

  • la maldad
  • la insensatez
  • la iniquidad
  • la mentira
  • el engaño

David sabía que los insensatos no estarán delante de los ojos del Señor pues El aborrece toda iniquidad. El sabía que no era digno, sin embargo, sabía que por la abundancia de sus misericordias podía orar y esperar respuesta.

¿Cómo nos presentaremos ante el Señor de tal manera que nuestras oraciones no tengan estorbo? Revisemos nuestra vida; examinemos nuestro corazón. Hagamos hoy el compromiso de sacar todo aquello que detiene la respuesta a la oración. Clamemos a la misericordia de nuestro amado Dios y presentemos nuestra causa ante su presencia confiadas de que El endereza el camino, nos defiende y rodea como un escudo.

¿Estamos listas para presentarnos ante su presencia?

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