Mónica Pérez

¡Ven y adora!

“¿Dónde está el niño que nació para ser el rey de los judíos?  Vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarlo.” Mateo 2:2

 

Jesús nació en Belén de Judea siendo Herodes el Grande, rey de ese país. En ese tiempo, unos hombres sabios de un país de oriente llegaron a Jerusalén preguntando dónde es que estaba el rey de los judíos, pues habían visto su estrella y venían a adorarle.

 

Quien conoce a Jesús, ha escuchado esta bella historia de su nacimiento y se puede imaginar la trayectoria que hicieron estos hombres sabios. No se sabe cuántos eran y se desconocen sus nombres, pero lo que si es seguro, es que buscaban al rey de los judíos, y su deseo era adorarle.

 

Vieron su estrella y le buscaron. Pero fue hasta que le adoraron, que los regalos fueron abiertos. ¡Qué hermosa escena el imaginar a unos hombres sabios postrados ante un pequeño niño! Dejando a un lado todo orgullo o vanidad se postraron, reconociendo al rey que había nacido. ¡Que gran lección se puede encontrar en esta acción!

 

Una sola escena puede hablarnos del carácter de estos hombres pero también de su postura al reconocer ante quien se encontraban en ese momento. A quien ellos buscaban, el rey de los judíos, se postraron sin dudarlo, y le adoraron.

 

Su estrella los guió, pero fue su presencia quien los llevó a reconocerle.

 

Su luz sigue brillando. ¿Por qué no hacer lo mismo e imitar a estos hombres sabios de oriente?

 

¡Ven y adora!

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¡Reflexionen sobre su proceder!

“Reflexionen: ¿Queda todavía alguna semilla en el granero? ¿Todavía no producen nada la vid ni la higuera, ni el granado ni el olivo? ¡Pues a partir de hoy yo los bendeciré!”

 

Mientras leía el libro del profeta Hageo me preguntaba, ¿cuántos “hageos” se han levantado a nuestro alrededor dando palabra de ánimo a nuestra vida y, quizá, hemos ensordecido nuestros oídos para no escuchar palabra de Dios?.

 

Los “hageo” son aquellos que nos dicen “REFLEXIONA” , fíjate bien por donde vas, y pon atención a tu caminar. Son aquellos hombres o mujeres que nos hacen ver que el resultado de las malas decisiones y acciones, llegará a su tiempo, trayendo como resultado escasez, llanto, dolor y muerte. A la mayoría de la gente no le agrada escuchar este tipo de verdades, por lo que prefiere a quien le miente, y le ayuda a encontrar culpables para todo aquello que no le agrada.

 

El profeta Hageo había sido enviado a animar, pero también a confrontar al pueblo pues si había escasez y toda utilidad era echada en saco roto, era por su letargo espiritual. “Por eso, por culpa de ustedes, los cielos retuvieron el rocío y la tierra se negó a dar sus productos”, exclamó el profeta. El pueblo escuchó y cambió su proceder, por lo que vino palabra de bendición: “Reflexionen: ¿Queda todavía alguna semilla en el granero? ¿Todavía no producen nada la vid ni la higuera, ni el granado ni el olivo? ¡Pues a partir de hoy yo los bendeciré!”

 

Amiga, hermana: ¡Reflexiona sobre tu proceder! Haz un alto, valora tus acciones y considera el resultado de los mismos.

 

 

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¡Ya se acerca!

¡Miren! Ya se acerca por los montes
    el que anuncia las buenas nuevas de victoria,
    el que proclama la paz.

Nahúm 1:15

 

Los reyes de Asiria habían conquistado al reino de Israel y amenazaron al reino de Judá (I Reyes 17-19), sin embargo, su tiempo había llegado, su ruina era inminente. Su caída y la de su capital (Nínive), es el tema central de las profecías del profeta Nahúm.

 

Si bien es cierto que podemos leer palabras de venganza contra un pueblo tirano y ruin, también es cierto que el profeta transmite palabra de confianza y de descanso para el pueblo perseguido y asolado por el temor. A través de estas palabras, el pueblo es consolado y animado a creer que su restauración estaba cerca:

 

“Así dice el Señor: Aunque los asirios sean fuertes y numerosos, serán arrancados y morirán… voy a quebrar el yugo que oprime, voy a romper tus ataduras” … ¡Miren! Ya se acerca por los montes el que anuncia las buenas nuevas de victoria, el que proclama la paz. ¡Celebra tus peregrinaciones Judá! ¡Paga tus votos! Porque no volverán a invadirte los malvados, pues han sido destruidos por completo.” (1:12-15)

 

Muchas de nosotras hemos pasado por procesos dolorosos donde sentimos que el enemigo ha perseguido y ha sembrado temor en nuestra vida o familia por lo que podemos pensar que nuestra condición actual será eterna, y hemos llegado a sentirnos cómodas aceptando la ruina y el temor como estilo de vida. Pero, hoy es necesario hacer un alto y darnos cuenta que el tiempo ha llegado. Es tiempo de levantarnos y proclamar que los años de ruina han llegado a su fin. Hoy es tiempo de bendición.

 

¡Créelo mujer! ¡Celebra! Porque El que había de venir trayendo buenas nuevas está a la puerta. Créelo y verás que tu yugo y tus ataduras ya han sido destruidas.

 

 

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Dios perdona

“Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad, camino de un día, y predicaba diciendo:

De aquí a cuarenta días Nínive será destruida”.

Jonás 3:4

 

El libro de Jonás nos relata la historia de cuando fue enviado por Dios para predicar al pueblo de Nínive, así también de cómo es que se rehúsa, y de todas las peripecias del viaje y recorrido hasta llegar a donde inicialmente había sido enviado.

 

Podemos comentar sobre su viaje, su desobediencia, el tiempo que pasó dentro del gran pez, o incluso de la manera en que el pueblo de Nínive recibe el mensaje; pero quisiera que nos centráramos únicamente en la actitud de Jonás después de predicar.

 

El profeta no quería ir, no deseaba predicar la salvación para este pueblo malvado; pero Dios en su misericordia, quiso mostrar compasión para Nínive. Vemos que el profeta, aun conociendo del amor de Dios y su compasión, se rehusó a ir. Se rehusaba a obedecer pues le enojaba el hecho que Dios perdonara a quien el (el profeta) no consideraba digno de recibir perdón (4:1 y 2). Por lo que una vez estando en medio del pueblo, predica la sentencia: “de aquí a cuarenta días Nínive será destruida”, y se sentó a observar la desolación venidera. Y ahí tenemos al profeta que acabando de predicar la salvación, esperaba que Dios destruyera al pueblo. Para su sorpresa, el Dios creador perdonó a Nínive. ¡Que tremendo mensaje!

 

¿Conoces a personas que se molestan cuando ven que Dios hace misericordia con quien ellos no consideran dignos de recibir misericordia? Así es. Nuestro Dios es perdonador. A veces somos nosotros, tu y yo quienes juzgamos duramente a quienes nos rodean, y creemos que deben recibir desolación, sin embargo, El Señor y padre amoroso les extiende su misericordia y nos sorprende.

 

Por lo tanto, no nos sentemos a esperar desolación, esperemos salvación para quienes nos rodean. Declaremos la palabra, prediquemos su mensaje, esperando que éste lleve al arrepentimiento. Porque ¡El perdona!

 

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Herederas de una promesa

Números 13:30-33

El pueblo de Israel ya tenía la promesa: “Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos” ¿Por qué no cumplirla? ¿Por qué no querer salir del desierto? Israel tenía todo para salir del desierto: La promesa de Dios y sus bendiciones, sin embargo, su mentalidad le impidió tomar posesión de la tierra prometida.

Sus pensamientos eran:

  1. no podemos…es más fuerte que nosotros (falta de visión)
  2. a nuestro parecer, somos como langostas (baja autoestima)

“Comparados con ellos, parecíamos langostas, y así nos veían ellos a nosotros”, esta frase que los diez espías con reporte negativo diera, muestra la falta de confianza en quien les había dado la promesa misma de que heredarían la tierra. El reporte de diez hombre creaba en todo el pueblo una visión distorsionada. No podían ver en ellos las capacidades necesarias para poder lograr vivir en la promesa. Olvidaron que “fiel es quien les había prometido”, y no serían ellos a través de sus propios méritos quienes conquistarían pueblos; sería Dios a través de ellos.

Razón por lo cual hoy debemos recordar:

¿De qué somos herederas?

Salmo 37:9 esperan en Jehová… heredarán la tierra…

Salmo 37:29 los justos heredarán la tierra, y vivirán…

1 Pedro 3:9 llamados para que heredaseis bendición…

Apocalipsis 21:7 el que venciere heredará todas las cosas…

¿Por qué somos herederas?

Gálatas 3:29 linaje de Abraham sois, y herederas según la promesa

Tito 3:7 para que… viniésemos a ser herederas conforme a la esperanza…

Hebreos 1:2 por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo…

¡Imagínese estar ante una multitud y gritar una opinión que no agrada a nadie! Caleb estaba dispuesto a levantarse para pronunciar lo que Dios había mandado. Caleb dijo: ¡Podemos conquistarla! El vio los mismos gigantes y las mismas ciudades amuralladas que los otros espías, pero los 10 espías regresaron para trasmitir un informe pesimista. Las palabras de Caleb proclamaron una convicción, una «confesión», ante todo Israel: «más podremos nosotros que ellos», confesión de fe pues finalmente logro la posesión de la tierra aun en una fecha tardía.

Nosotras muchas veces preferimos ver las ciudades amuralladas frente a nosotros y olvidamos que al igual que el pueblo de Israel ya hemos sido bendecidas “de manera que los que creen son bendecidos junto con Abraham, que también creyó” (Gálatas 3:9). Somos bendecidas ahora. La bendición es entonces un estado de la presencia de Dios en nosotras, sus hijas. Creamos en El. Usted no necesita paños santos, agua bendita o unciones de hombre alguno, usted necesita CREER.

¿Qué pensamientos te detienen de salir del desierto? Hermana, el desierto es con un propósito: “que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de la roca del pedernal; que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien.”

El pueblo tardó 40 años haciendo un viaje de 11 días aproximadamente porque Dios necesitaba formar un pueblo que tuviera su visión. Dios no quiere que vivas en el desierto sino que pases victoriosa.

Pon tu corazón y tu mente no en Egipto ni en el desierto sino en la tierra prometida, tierra que fluye leche y miel. Atrévete a pensar que mereces lo que Dios te ha dado por heredad. “Así que ya no eres esclavo sino hijo; y como eres hijo, Dios te ha hecho también heredero.” (Gálatas 4:7 NVI)

Ya eres heredera, ¿está fluyendo tu tierra leche y miel?

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Prepárate

“Por eso, Israel, voy a hacer lo mismo contigo; y porque voy a hacerlo, ¡prepárate para encontrarte con tu Dios!” Amós 4:12

En tiempos del profeta Amós, el pueblo de Dios estaba dividido en dos reinos, al norte Israel, con Jeroboam II como rey; y al sur Judá, con Uzías como rey. Aún cuando el profeta procedía del reino del sur, sus profecías eran dirigidas principalmente al reino del norte (Israel) y a las ciudades vecinas.

Amós anunciaba palabra de Dios y denunciaba en contra de aquellos hombres y mujeres que se enriquecían a través de la violencia y la explotación de los mas débiles (8:4); por lo que su predicación se centraba en señalar, criticar y condenar la injusticia social que practicaban.

Este mensaje que encontramos en el capitulo 4 del libro de Amós, viene a ser una demanda dirigida a las mujeres de Samaria. Les condena porque abusando de su poder y su posición, influían en sus esposos incitándoles a la injusticia y al señorío. Por lo que el Señor les demanda arrepentimiento.

¿Cómo les llamo la atención?

verso 6:          les había hecho pasar hambre

verso 7 y 8:    retuvo la lluvia

verso 9:          castigó con plagas y sequía

verso 10:        envió muerte en las familias

 

Con todo esto, el pueblo no se volvió ni se arrepintió. Por lo cual, les advierte con estas palabras: “¡prepárate para encontrarte con tu Dios”. No hablando de un encuentro amistoso sino con el creador mismo donde la justa ira de Dios caería sobre ellos. ¡Qué tremendo!

Se ha levantado una generación parecida a estas mujeres, quienes haciendo caso omiso al llamado de arrepentimiento, obra en injusticia e influye en otros para pecar; una generación cuyo Dios es el poder y cuya gloria es la apariencia. Conocen de Dios pero no conocen sus caminos pues solo aparentan piedad. Dios hace un llamado hoy. El sigue hablando. Por lo tanto, es tiempo de dejar las apariencias; tiempo de volverse a Dios. El nos sigue advirtiendo: “Prepárate mujer, para tu encuentro con tu Dios”.

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Yo andaré en sus caminos

“Quien es sabio, que entienda estas cosas; quien es prudente, que las comprenda. Porque rectos son los caminos del SEÑOR, y los justos andarán por ellos; pero los transgresores tropezarán en ellos”.

Oseas 14:9

 

La fecha aproximada de la actividad profética de Oseas fue en el año 750 a. C. Su tarea como profeta consistía en proclamar y predecir, y desde luego, estas tareas llevaban la propia personalidad del profeta. Oseas fue contemporáneo de Isaías y de Miqueas, quienes profetizaban en el reino del sur, mientras que Oseas lo hizo en el reino de Israel.

 

Su vida conyugal vino a ser mensaje vivo para su pueblo pues Oseas nos habla del amor de Dios; un amor eterno el cual a pesar de la rebelión de su pueblo escogido, sigue reprendiendo pero a la vez consolando, dando ánimo, y buscando intensamente que se arrepientan y vuelvan a sus caminos.

 

A través de sus proclamaciones, Oseas provoca al pueblo de Israel a reconocer su pecado, arrepentirse y a regresar a los caminos del Señor; por lo cual termina su mensaje advirtiendo: “Quien es sabio, que entienda estas cosas; quien es prudente, que las comprenda. Porque rectos son los caminos del SEÑOR, y los justos andarán por ellos; pero los transgresores tropezarán en ellos”. En otras palabras, quien ande por los caminos rectos del Señor es el sabio y prudente, pero al malvado y al desobediente le serán tropiezo.

 

Porque mientras para unos el mensaje de salvación es vida, para otros es locura, así como el mismo sol ablanda la cera y endurece el barro. Está en nosotros el decidir si retomamos sus caminos, o tropezamos en ellos.

 

Nuestra oración es que cada día tomemos la decisión de caminar por ellos. Que reconozcamos y adoremos al Dios que con amor eterno nos ha amado y nos sigue atrayendo a el “con cuerdas humanas; con cuerdas de amor”, tal y como declarara el profeta.

 

 

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Buscando la sabiduría

“Los hombres sabios, los que guiaron a muchos por el camino recto,
brillarán como la bóveda celeste; ¡brillarán por siempre, como las estrellas!” 
Daniel 12:3

Daniel es conocido como el profeta apocalíptico. Su nombre significa “Dios ha juzgado”;  fue un joven entendido que junto a otros de linaje real, fue tomado cautivo y trasladado a Babilonia.

Sin embargo, Daniel no era como los otros jóvenes. Pues si bien a El y a sus amigos Dios les dio inteligencia y entendimiento para comprender toda clase de libros y ciencia, Daniel fue honrado con el don especial de entender “toda visión y sueños” (verso 17). Era un joven diferente; era un joven de decisiones firmes y convicciones claras y como consecuencia, Dios le dio una gran sabiduría e inteligencia.

El mismo profeta Ezequiel hizo referencia de la sabiduría de Daniel al confrontar al rey de Tiro: “¿Acaso eres más sabio que Daniel?” escribió; en Mateo 24:15 leemos que el mismo Jesús hizo referencia de las visiones de Daniel cuando sus discípulos le preguntaron sobre las señales de su regreso y del fin del mundo. – “El profeta Daniel escribió acerca del horrible sacrilegio”, contestó Jesús.

A veces sólo hablamos y notamos las proezas realizadas a lo largo de la vida de una persona, pero olvidamos que todo inicia con una firme decisión. Porque “Daniel propuso no contaminarse” (1:8). Este fue el momento decisivo. Este fue el momento que Daniel se puso en las manos de Dios, apartado de su familia, en país lejano, en lengua extranjera y aun llamado con otro nombre.  Pero su decisión fue firme.

Busquemos la sabiduría. Atesoremos el conocimiento; usemos los dones que Dios nos ha dado para guiar a otros por el camino recto. La recompensa, Dios la dará a su tiempo y entonces los sabios ¡brillarán por siempre, como las estrellas!

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Derribando paredes blanqueadas

“Si, ellos engañaron a mi pueblo diciéndole que todo iba bien, cuando en realidad no era así. Son como quien levanta una pared insegura y luego la recubre con cal”.

Ezequiel 13: 10

El Señor acusa a los falsos profetas de mentir sobre la información que daban al pueblo, pues aun cuando las cosas no estaban bien, ellos mentían. Sus visiones eran falsas y sus profecías mentira; decían que hablaban de parte de Dios, pero El no los había enviado.

Por lo tanto, el Señor, Dios de Israel, les manda un mensaje a través del Profeta Ezequiel, y le ordena que hable en su nombre contra los profetas de Israel y les diga que va a levantar su mano para castigar a los profetas que tienen visiones falsas y cuyas profecías son mentira, pues levantaron una pared blanqueada con cal.

Lo anterior significa que sólo cubrían la verdad de Dios, con mentiras; pues no se comprometían en hablar al pueblo la verdadera palabra de Dios, así que únicamente decían la palabra que ellos deseaban, solapando así el pecado del pueblo.

Al leer el pasaje de Ezequiel capitulo 13, te podrás preguntar ¿cuántas veces se ha escuchado decir que todo está bien, cuando en realidad no lo está? O quizá se ha dado palabra de prosperidad, abundancia y gloria, ¿cuando todo esto es falso?  Por eso hoy, mi querida hermana, te invito a escudriñar cada día la palabra de Dios, de tal manera que toda palabra que escuches en nombre de Dios, la puedas discernir adecuadamente.  Siempre pregunta: ¿qué dice la palabra de Dios al respecto?  De esta manera evitarás caer en errores teológicos y doctrinales.

Recuerda que el Señor, derribará las paredes blanqueadas y mostrará el verdadero color que esconden.

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¿Me quieren consultar?

“Tú, hombre, habla a los ancianos de Israel y diles:

“Esto dice el Señor: ¿Vienen ustedes a consultarme?

Pues yo, el Señor, juro por mi vida que no me dejaré consultar por ustedes.”

Ezequiel 20:3

Ezequiel, cuyo nombre significa “Dios fortalece”, hijo de Buzi, fue deportado a Babilonia y fue ubicado en la aldea de Tel-abib a orillas del río Quebar. Cinco años después de este evento, recibió su llamado como profeta, según leemos en Ezequiel capitulo 1 verso 2. De ahí que Ezequiel es conocido como un profeta exílico, pues habló de parte de Dios durante el tiempo de la cautividad. 

No se tiene mucha información sobre la vida personal del profeta, solo se destaca el hecho de que sus profecías eran mal recibidas, aun cuando llegó a ocupar posiciones honrosas frente al pueblo (8:1; 14:1, 20:1), pues los babilonios permitieron a los exiliados formar familias, construir casas, cultivar huertos y consultar a sus propios jefes y ancianos. Por lo anterior, los ancianos de Judá venían ante Ezequiel para consultarle y escuchar palabra de Dios, mas el Señor le mostró al profeta en varias ocasiones las maldades que hacían profetas, sacerdotes y los líderes del pueblo, pues decían: “seamos como las naciones, como las demás familias de la tierra…”  Por esa causa, el Señor cerraba su mano contra el pueblo y les decía: “¿Vienen ustedes a consultarme? Pues yo, el Señor, juro por mi vida que no me dejaré consultar por ustedes.”

El pueblo deseaba conocer palabra de Dios, sin embargo, seguía disfrazando el pecado y la maldad con rituales meramente humanos. Queriendo hacer y ser como otros pueblos, olvidó que eran el pueblo escogido por el único Dios. Ezequiel, fue el atalaya de Israel que Dios levantó para determinado momento en la historia de su pueblo.  Pero, ¿quién se levantará como atalaya para nuestra ciudad en este tiempo?

El sigue declarando hoy:

“Si yo le anuncio a alguien que va a morir por causa de su mala conducta, y tú no se lo adviertes, esa persona morirá por causa de su pecado, pero el culpable de su muerte serás tú…En cambio, si le adviertes y deja de pecar, seguirá con vida, y tú quedarás libre de culpa”.

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